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De Quimeras y Ensoñaciones

Alzheimer

No sabía quien era Ricky Martín, ni acaso le importaba un bledo, pero se divertían con ella cuando, al pasear, le tarareaban aquella canción suya, cuyo estribillo bailaba y cantaba a su modo:
Un…, dos…, tres….
Un pasito pa' lante María;
Un…, dos…, tres….
Un pasito pa' atras
Y juntitos los tres, agarrados del brazo, con ella al centro, al son del tarareo, del canturreo de esa pegadiza sonatina, levantaba las piernas en formación militar, infantilmente, graciosa, alegre, divertida, jocosamente feliz, dando saltitos despreocupada, sin pensar, ay, sin pensar, en una posible caída y lo que es peor, una rotura de cadera, tan frecuentes a su edad.
¡Qué trío de dicharacheros!

Una enfermedad de nombre maldito se coló por las rendijas del alma y como ésta nadie sabe donde está, decidió darse a conocer e instalarse en todo lo alto, y muy, muy profundamente enraizada, tan profundamente que ni el más afilado bisturí pudiese llegar a sajarla, y de un enraizamiento tal que produjo cepas de la misma calaña, todo un linaje para maldecir su propia casta, su propia sangre contaminada, sus genes mutados, sus cromosomas malamente diseñados por un artista del absurdo, por un artista del olvido, por un arquitecto cuyos bloques se van desmoronando con el paso del tiempo, van perdiendo poco a poco la argamasa que los unió y los mantenía lúcidos. Por un pintor en cuyos lienzos la pintura se va derritiendo cual cascada helada en primavera, y va manchando todo el cuadro hasta dejarlo emborronado, anegado de manchas, perdiendo, perdiendo recuerdos y conocimientos. Si.
Y la bruja mala le dijo, cuando despiertes, no recordarás nada. Y volverás a la infancia y tus últimos recuerdos, los últimos que perderás serán los primeros que llegaste a aprender, luego, nada, cero, un universo de nimiedad, de vacío, de olvido, de recuerdos abandonados, de muerte, de muerte en vida.

¡A la porra con la vida! ¡A la porra!

Y acabarás tumbada en una cama, rodeada de extraños, y no serás nada.
Serás un tétrico vegetal, un vegetal nada más, un vegetal lúgubre, luctuoso, sombrío, sin luz en la mirada, enteramente vacío, un pedazito de carne al que hubiesen robado unos malnacidos cleptómanos las entrañas, expoliándote los entresijos, despojándote las vísceras, escamoteándote tu interior, tu esencia misma, tu temperamento innato, hurtándote visceralmente la vida, rebajándola, estrangulándola, disminuyéndola, menoscabando tu integridad, tu yo, tu ser, tu naturaleza misma, para dejar de ser Tú.

Este es mi testamento…, si algún día, algún día ocurriese, cuando ya no os reconozca, y deje de ser Yo, no me encerréis entre locos ni entre viejos, ni me visitéis en asepticos hospitales llevándome flores. Practicadme la Eutanasia. Es mi última palabra, respetadla, y dejad las flores para la tumba del cementerio.

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